Sentado en una vieja silla, con ojos vagos a medio cerrar, con músia de alegres melodías que no significan nada para mi, ni su ritmo ni sus letras, apenas algunos de sus versos sonados son sentidos como agujas suaves en mi corazón; quiero bailar, saltar, gritar y decir que soy feliz…, pero no puedo, porque la impaciencia me derrota…

Tras muchos años comienzas a darte cuenta de cuándo fué el momento exacto en el que todo empezó a cambiar, quién te “creó”, quién hizo de tí algo mejor, quién te hizo ver que estabas ciego…, la misma persona que te dedicó su sonrisa y te miró a los ojos diciéndote la primera locura que tenía en su cabeza, a locuras te invadía e invade por tener tu corazón y todo tu amor, te miraba y te susurraba palabras solamente alegres, sólo de su felicidad y de querer contagiarte de ella.

Brazos, piernas, tronco, cabeza…, todo ello y más forman una persona, un ser humano, alguien capaz de amar, ser amado, destruir, matar, añorar, cazar…

La locura invade la mente de los hombres y de las mujeres, qué hacer si ni siquiera sabes a donde dirigirte cuando pisas la calle…, qué hacer cuando el único recuerdo que tienes en tu cabeza es el de una sonrisa, de cualquier persona que te haya hecho feliz en cualquier momento de tu vida, tu madre, tu abuela, tu primo…, un amigo que un día lo vistes inspirado y dijo algo que te alucinó…; una teoría está clara, “la sorpresa y la atención van cogidas de la mano, y la alegría es sólo pasajera”, hay que hacer que perdure, que trasnoche tu sonrisa, animando tu fuego y el de los que te rodean, porque nunca hay que ser débil, llorar y morir, hay que ser fuerte y luchar por ser feliz.

Amar y ser amado, beso compartido, labios surcados y ojos bien cerrados, sueño tu beso al igual que lo deseo, deseo un sueño que a la vez añoro, añoro la vida y la echo de menos, pasos lentos  sin cabida, corazón sin fuego, corazon de hielo.

Porque la fuerza de un beso es capaz de hacerte olvidar, guerras, hambres, humillación, y dolor…, no la dejes escapar, nunca…, felicidad.


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