No hace tres dÃas que no debió haber cambiado nada cuando de repente todo parece volcarse de una manera indirecta sobre mÃ, otras muchas florecen como nunca antes me habÃa dado cuenta de que ocurrÃan, me asombra el como perder algo agudiza otros aspectos, como aquél que es invidente y puede saber si te has apoyado con la mano izquierda o la derecha sobre la pared de su habitación con sólo oir el palpo de la misma sobre ella; adoro el empezar a creer y sentir aqeullas cosas cuáles tenÃa por sueños, “sueños rotos”, palabras cuales aún me hacen gritar y llorar de tristeza. Escribo lÃneas en busca de pequeños sacios que me enseñen a recubrirme de ese mal abstracto llamado soledad, en silencio grito un nombre tal como siempre suele añorarse a alguien, aunque sin predefinición del mismo ni cuerpo alguno, aún asà rondeo la posiblidad de conseguirlo, cosa que llegará pero no por ello siendo esencial; recojo mis frutos que parecen ya maduros, los disfruto y me doy cuenta de quien realmente soy, leo tus palabras cuales si existen en la realidad y repito insesantemente esa pequeña palabra que va dirigida en este apartado a tÃ, gracias.
« Una habitación llena de recuerdos. ¿Y qué si lo sé?. »
